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“Psiquiatría Psicoanalítica”

Miguel Matrajt

(Centro Integral Médico y Psicológico)

 

 

 

El tema por el cuál tuve el honor de ser invitado a esta mesa es la clínica. Por consiguiente, me referiré a la psiquiatría clínica, ya que hay muchos otros campos de intervención de esta disciplina, como la investigación, la salud pública, etc.

Pero cabe una aclaración preliminar, que servirá para explicar el título de este escrito: yo soy psicoanalista, la mayor parte de mi práctica profesional es haciendo psicoanálisis, con la inmensa mayoría de los pacientes no empleo ninguna técnica psiquiátrica. Por consiguiente, mi perspectiva de la psiquiatría (mi lectura, para usar una palabra muy a la moda) es desde el psicoanálisis, una aproximación que hace varias décadas se llamaba psiquiatría dinámica. Esto significa que no visualizo al ser humano como cadenas neuronales, receptores e intermediarios intersinápticos, sino como una persona. Y una persona es siempre una experiencia singular, inédita e irrepetible. Más exactamente, veo al ser humano como una persona en situación, en otros términos, con una inserción en tiempo y espacio. Desde mi perspectiva es siempre una situación social e intersubjetiva, con un pasado, con proyectos hacia el futuro, con conflictos, muchos de ellos de naturaleza inconsciente, situación atravesada e interpenetrada por su entorno histórico y social.

Esta aproximación es diferente de la psiquiatría de orientación biológica, y se expresa no sólo en la teoría, sino en la forma de desenvolver la acción frente al paciente, no sólo mis pacientes sino también aquellos que me envían otros psicoanalistas para recetar una medicación. Así, por ejemplo, en estos últimos casos, siempre me pongo de acuerdo con el psicoanalista referente para saber qué es lo que necesita de alguna medida psiquiátrica: eliminar un síntoma, disminuirlo, transformarlo, etc., Obviamente uno no maneja los síntomas en forma omnipotente, y puede transformarlos a su antojo. De lo que estoy hablando es de una forma de aproximación al fenómeno del sufrimiento humano, subordinando mi quehacer a lo que el colega me demande, en función del proceso psicoanalítico. En otros términos, mi punto de vista de la acción psiquiátrica en el campo de la clínica suele ser de subordinación a un proceso de transformación del inconsciente. En otras palabras yo tomo como principal objetivo la comprensión de la dinámica inconsciente, y para tal fin la eliminación de los síntomas no es, frecuentemente, el camino más idóneo. Freud lo expresaba diciendo que la angustia "es el motor de la cura psicoanalítica".

Hagamos una revisión de los recursos psiquiátricos disponibles en la actualidad. Y planteo en la actualidad porque hay algunos que son históricos, como la insulinoterapia, las cirugías, los electroshocks, etc. aún cuando todavía se sigan aplicando en algunos lugares. Vamos a referimos, a continuación a los que se incluyen en la practica psiquiátrica de orientación psicoanalítica, partiendo de los más simples para describir los más complejos.

A) Comenzaremos por los fármacos. No aburriré al lector que ya me ha honrado con su paciencia describiendo una clasificación de las múltiples que existen. Sólo señalaremos que las clasificaciones usuales están originadas más en la mercadotecnia de las plantas productoras que en los hallazgos científicos. Y la mercadotecnia de la industria farmacéutica suele ser tramposa, orientada a envolver al médico que no lee publicaciones serias sino solamente los folletos publicitarios. La aproximación de la farmacología de las últimas décadas se centra en moléculas y receptores, no en síntomas. Por ello, es más operativo hablar de los objetivos psicoanalíticos del uso de un fármaco.

¿Cuándo se utilizan los fármacos? En este primer punto ya podemos ver las diferencias con la psiquiatría biológica: los colegas se dedican a perseguir síntomas, y consideran "curación" la eliminación de éstos. Desde mi perspectiva la utilización esta regida por las necesidades del psicoanálisis que lleva el paciente. En otras palabras, está regido por los objetivos de comprensión del inconsciente.

Distinguimos las siguientes situaciones en que recomiendo un fármaco:

I.-Como decía Enrique Pichón Riviere, para que el paciente pueda hablar. Entiéndase para que pueda mantener el diálogo psicoanalítico. Cuando un sujeto está muy dominado por ciertos síntomas como la manía, el delirio, las alucinaciones, la depresión profunda o el autismo, no puede escuchar, no puede elaborar las interpretaciones. Esto ocurre, por ejemplo, en ciertas psicosis, como la esquizofrenia, otras psicosis disociativas, las neurosis traumáticas severas y las depresiones mayores. El objetivo que planteamos no es eliminar farmacológicamente el síntoma, sino atenuarlo como para que se pueda analizar, rescatando así toda la potencialidad esclarecedora que tiene el análisis de un síntoma psicótico. Por supuesto, hay situaciones clínicas y limitaciones sociales en las que el análisis no es posible, y en esos casos la utilización de la farmacoterapia tiene otros objetivos.

 

II.- Cuando se quiere disminuir un síntoma que, aunque determinado por un conflicto inconsciente, se convierte, por sí mismo, en fuente de problemas en cascada. Esto ocurre a veces por la naturaleza del síntoma. Por ejemplo, el insomnio. Pero también puede estar determinado por las circunstancias que rodean coyunturalmente al paciente, como ante ciertas fobias que deben ser controladas en un plazo externo al proceso psicoanalítico. Los ejemplos típicos son un viaje, una operación, una urgencia de otro tipo.

 

III.- Cuando corre peligro la vida del paciente o de un tercero, como ocurre en distintos tipos de psicosis.

 

IV.- Cuando corre peligro la salud del paciente por una descompensación aguda de un síntoma psicosomático: coronopatías, hipertensión arterial, colitis ulcerosa, úlceras sangrantes, mal asmático, etc.

 

V.- En las patologías mixtas, como epilepsia, trastorno de atención, trastornos orgánicos de memoria.

 

B) La siguiente medida psiquiátrica en orden creciente de gravedad, son los acompañantes terapéuticos. Se utilizan cuando un paciente no puede soportar la autonomía, y requiere de un apoyo constante. El acompañante terapéutico es una especie de prótesis que apoya al yo y compensa parcialmente una angustia que se ha desbordado y no le permite al paciente estar solo y desarrollar por sí mismo sus actividades, pero gran parte de estas últimas pueden seguir funcionando con este soporte. El acompañante es un representante del psicoanalista, así como de figuras arcaicas protectoras. Cumple una función muy regresiva, y se complementa con los fármacos. Es un recurso muy caro, porque el acompañante terapéutico debe ser un profesional con mucha formación y experiencia para poder contener a un paciente en el medio en que este último se desenvuelve, o sea en circunstancias muy distintas de aquéllas del consultorio.

 

C) Hay ocasiones en que las relaciones habituales de un paciente con su entorno, las más de las veces su familia, desembocan en círculos viciosos que incrementan los síntomas en forma exponencial. Son pacientes que pueden funcionar razonablemente bien en algunos contextos, pero se descompensan en su hogar. Frente a esta situación, que excede lo que se puede analizar, una medida muy útil es aislar al paciente transitoriamente de ese entorno, pero tratando de conservar otras formas de inserción social. Es así que podemos utilizar tres medidas: una familia sustituta, el hospital de día y el hospital de noche. Los dos últimos son por demás conocidos. Sólo me referiré al primero, que es un recurso que me parece muy idóneo y más económico que una internación total o parcial. La familia sustituta puede ser la de un pariente, un amigo, o, incluso, alguien a quien se le paga por la tarea. En algunos países es una forma de actividad lucrativa bien desarrollada, y con cierta capacitación profesional. Cuando utilizo esta medida trabajo simultáneamente dando indicaciones (prescripciones de acción) y analizando los aspectos inconscientes de esa familia temporaria, para evitar que procedan con culpas, miedos, sobreprotección, mentiras, etc. En estos casos sumamos recursos: la familia sustituta, un/a enfermero/a, fármacos y soporte psicodinámico a la familia. Por supuesto, el paciente continúa su psicoanálisis, siendo estas medidas un recurso temporario por unas cuantas semanas.

 

D) Con un criterio exactamente opuesto al anterior, esto es buscando que el paciente no se desinserte de su entorno social, surgió en Italia y Francia, a mediados de los setenta, un recurso conocido como la red social: el psiquiatra dinámico va al lugar de trabajo, al edificio donde vive el paciente, a su entorno inmediato y hace sesiones prolongadas con compañeros, vecinos y parientes, tratando de eliminar los miedos inconscientes de todos ellos y generar una red de apoyo. Es un recurso muy valioso, pero requiere de ciertas condiciones sociales y a veces políticas para ser llevado a cabo. Lo hemos utilizado en Argentina a mediados de los setentas. Por supuesto, requiere de mucha experiencia en dinámica grupal por parte del psiquiatra.

 

D) El recurso más caro y complicado es la internación hospitalaria especializada. Lo utilizamos en alguna de estas tres situaciones: cuando el paciente requiere aislamiento en relación a su familia y/o entorno laboral pero no se puede recurrir a una familia sustituta; cuando es necesaria una contención porque corre peligro la vida del paciente o de un tercero, o cuando es necesaria una contención porque el paciente no puede manejar un síntoma y acepta que se lo limite, como ocurre en las adicciones. Existen varias estrategias de manejo de un hospital psiquiátrico. La más efectiva, así como la más cercana a una aproximación psicoanalítica, es la comunidad terapéutica. Cuando hablamos de contención no nos referimos a una contención física, que solo hay que aplicar en condiciones muy excepcionales, no más del 2-3% de los casos. Estoy hablando de una contención psicológica, que se realiza acompañando al paciente, hablando con él, analizando sus ansiedades, esclareciendo los vínculos ínter subjetivos y sus sustratos inconscientes, regulando visitas y llamadas telefónicas, incorporándolo a actividades y programas de la clínica, realizando terapia familiar concomitante con la continuación de su psicoanálisis.

El panorama internacional de los tratamientos ambulatorios para las adicciones, alcohol incluido, es muy pesimista. Salvo situaciones muy especiales, los programas que han servido requieren de una internación prolongada, de ser posible en una clínica que tenga manejo en este tipo de pacientes, aunque no necesariamente una clínica dedicada con exclusividad, dado que nos arriesgamos a la cofradía del síntoma. En este caso, la contención se refiere al contrato libre y voluntario que establece el paciente con el establecimiento, a los efectos que este último le impida el acceso a la droga. La clínica es una extensión del deseo del paciente de liberarse del yugo químico.

 

La psiquiatría y los psicoanálisis aportan principios epistemológicos y conocimientos teóricos y técnicos para entender al ser humano. Las rivalidades y antagonismos viejos y actuales entre psiquiatras y psicoanalistas nada tienen que ver con las características intrínsecas de las disciplinas, sino con cuestiones de intereses y de narcisismos. Pertenezco a una generación que visualizó esas querellas como algo del pasado, y que consideró siempre necesaria una práctica clínica que integre, por lo menos a nivel del marco conceptual del profesional, los conocimientos provenientes del otro campo.

 

 

 

 

 

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